Repensar la publicidad

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Si bien me recibí de Licenciado en Publicidad, hace varios años que me autodefino como un Comunicador. Y esto no fue algo casual, sino que estuvo vinculado a una crisis de sentido que tuve con la profesión que había elegido ejercer.

 

La idea de que el fin último de mi trabajo, como publicista, sea el de vender, vender y vender, sin tener en cuenta las consecuencias y el impacto ocasionado por el modelo de consumo que, yo mismo, estaba promoviendo; comenzó a angustiarme y a situarme frente a un conflicto ético. Claramente, sentía que algo no estaba oliendo bien en la publicidad.

 

Por supuesto que esto fue solo el principio de un camino que, hoy por hoy, sigo transitando de manera muy comprometida como asesor en Comunicación Sustentable.

 

Pero como el objetivo de esta columna no es hablarles de mi vida profesional sino invitarlos a una reflexión colectiva, es que quiero compartir, con ustedes, algo que me pasó hace poco.

 

El 4 de diciembre pasado, un amigo publicó en su muro de facebook el video del discurso de Seinfeld tras haber sido premiado en la ceremonia de los Clio Awards 2014; agregándole las palabras: “¡Feliz día de la Publicidad!”.

 

El hecho de que premien a personas talentosas que no pertenecen, estrictamente, a la industria publicitaria ya no es algo que me sorprenda. Y mucho menos si la persona en cuestión es, ni más ni menos, que el talentosísimo Seinfeld. Tampoco me sorprende que en su discurso tuviera reflexiones y comentarios cargados de ironía y sarcasmo, vinculados con lo que el premio y la industria representan. Ya que eso era algo obvio de esperar, conociendo al personaje.

 

Pero lo que sí me sorprendió notablemente -y aún me sigue sorprendiendo luego de haberlo visto varias veces- es la reacción del público presente.

 

En su discurso, Seinfeld dijo cosas como:

 

“Me gusta la publicidad, porque me encanta mentir”, “entre que veo el comercial y compro el producto, soy feliz”, “sabemos que el producto va a apestar, lo sabemos”, “creo que pasar tu vida tratando de engañar a personas inocentes para que usen su dinero, ganado trabajando duramente, en cosas inútiles, de mala calidad, en servicios y artículos falsos, es un excelente uso de tu energía”.

 

Pero no habiendo sido suficiente, continuó con más comentarios como:

 

“También pienso que enfocarte en ganar dinero y comprar cosas estúpidas es una buena forma de vivir”, “Recuerdo como en 1991 varios ejecutivos del mundo de la publicidad corrieron hacia el escenario y agarraron sus trofeos Clio que no les pertenecían. Pero, al menos, eso mejoró un poco sus carreras falsas y sus vidas sin sentido”.

 

Guau. En mi barrio, ir a una fiesta y decirle todas estas cosas a los invitados, y en su propia casa, habría sido considerado, por lo menos, algo polémico y provocador.

 

Lo más significativo, para mi, es que -si miran el video- verán que la gente no solo se ríe, sino que lo ovaciona y aplaude ante cada palabra. Como si nadie quisiera acusar el más mínimo recibo acerca de la profundidad de lo que se está señalando.

 

Al día de hoy, no dejo de preguntarme si alguien se va a tomar un poco en serio algo de lo que él dijo en su performance. Por supuesto, que el camino más fácil pareciera ser el de reírnos de todo. Porque… si nos tuviésemos que hacer cargo, ¿qué opción nos quedaría?

 

Otro punto que me llamó la atención fue la, prácticamente, nula repercusión de su discurso por parte de la prensa especializada, ya sea internacional o local, así como también de los organizadores del evento o en las redes sociales y conversaciones entre colegas y amigos publicitarios.

 

La reflexión más profunda que logré recibir hasta ahora, de parte de un amigo, fue “Que groso Seinfeld”. Con lo cual, también adhiero.

 

Pero me resulta bastante llamativo que a nadie le importe reflexionar sobre estos temas vinculados con el verdadero sentido de nuestra profesión, a la que le dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo y de nuestra energía. Tengo algo así como la sensación de que, hoy en día, “vale todo” para no correr el riesgo de que te digan que: “no entendiste nada”.

 

Personalmente, pienso que Seinfeld tiene razón en varios aspectos sí, pero al mismo tiempo, creo que está exagerando demasiado -con una finalidad humorística- y omitiendo el hecho de que la comunicación publicitaria sí puede tener mucho sentido así como también puede hacerlo nuestra profesión.

 

Algo que me dio mucha pena fue ver un comentario, debajo de la publicación de mi amigo, de un joven que decía “Y yo que estoy estudiando Publicidad… ; ( todo esto apesta!!”. Parece que a éste chico no le causó mucha gracia el discurso. ¿O será que no lo entendió bien?

 

Como sea, estoy, absolutamente, convencido de la importancia vital que tiene la comunicación a la hora de poder inspirar y promover cambios positivos en nuestra sociedad. Y se que nuestra profesión es sumamente creativa, bella y poderosa. Ya que nos permite comunicarnos, ser creativos, inspirar, informar, educar, entretener y emocionar a miles de personas, generando empatía e invitándolas a involucrase y a pasar a la acción, de múltiples maneras.

 

Como ya lo dije en una columna anterior, creo que es “Mejor hablar de ciertas cosas”. Porque el que calla otorga. Y yo no quiero otorgarle a nadie el poder de criticar, así como así, nuestra profesión, sin tener la posibilidad de aclarar mi posición al respecto. Cosa que estoy haciendo aquí, ahora, en este espacio. Con ustedes.

 

Creo que los primeros que deberíamos animarnos a hacer una autocrítica seria sobre lo que hacemos, sobre el sentido de nuestro trabajo y sobre nuestra manera de ganarnos el dinero que sustenta nuestro diario vivir, somos nosotros mismos; los publicitarios y comunicadores.

 

Y como no quiero quedarme pegado, únicamente, al video de Seinfeld en los premios Clio me gustaría citar otro caso reciente de una comunicación que me gustó mucho. Se llama “La otra carta“ y es un mensaje IKEA España que me parece un claro ejemplo de cómo una marca puede agregar valor social e invitarnos a reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo y sobre nuestra calidad de vida, a través de una pregunta: ¿qué es lo que verdaderamente los chicos necesitan en la navidad?. Una acción auténtica, sencilla y muy creíble.

 

Por todo esto, creo que deberíamos comenzar a hablar de varios temas como ser: la Comunicación en Valores, el Consumo Responsable, el Cambio de Hábitos, la importancia de que las compañías sean sustentables desde su génesis, a través de su visión, su misión y su gestión, en el día a día. Hablar de las marcas que están comprometidas con un Propósito, de las que se crean Valor Social y Ambiental, haciendo, al mismo tiempo, un muy buen negocio a nivel económico. Y por supuesto, tendríamos que hablar también de cómo pasar del Storytelling al Storydoing. Aprendiendo a decir más con lo que hacemos, y con el modo en que lo hacemos, con nuestra propia coherencia, honestidad y autenticidad.

 

De verdad creo que tenemos que hablar. Reflexionar, juntos, sobre el presente y el futuro de la publicidad. De nuestra publicidad. Creo que es hora de que seamos nosotros mismos, los publicitarios, los que pongamos manos a la obra en la noble y desafiante tarea de crear nuevos y mejores caminos para nuestra profesión y, muy especialmente, para las generaciones más jóvenes que vienen detrás nuestro. Cada día que pasa estoy más convencido de que llegó la hora de animarnos, de una vez por todas, a repensar la publicidad.

 

– Nota publicada en la revista Reporte Publicidad #108.

 

AQUI EL DISCURSO DE SEINFELD| CLIO AWARDS 2014

 

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